GINO IAFRANCESCO V.
Relación escrita en Paraguay y Brasil.
Agosto y Septiembre de l.994.
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ANTE LAS INQUIETUDES DE ALGUNOS HERMANOS

Introducción.

Puesto que algunos hermanos en Cristo me han expresado sus propias inquietudes y las de otros, pidiéndome satisfacción por ciertos acontecimientos ocurridos entre los hermanos en Paraguay a raíz de nuestro contacto con hermanos en Cristo venidos de Taiwán, paso a darles la satisfacción de los hechos que me piden.
Considero necesario retroceder un poco en el relato hasta sus raíces, para que las cosas sean apreciadas en su legítimo contexto.

Leyendo a Watchman Nee en Argentina.
Mi primer contacto con algunos libros del Hermano Watchman Nee To Sheng aconteció en la ciudad de Salta, Argentina, durante el año de 1972. Los hermanos Gutiérrez y Salica, ancianos en la ciudad, y que se inscribían en la línea del movimiento de renovación que trajo el Avivamiento de Argentina por aquellos años, ellos me prestaron los libros “La Liberación del espíritu” y “La Iglesia Normal” de Watchaman Nee; el primer editado por Logos en Buenos Aires y el segundo en una tipografía de Cuernavaca, México. Reconozco que estos dos libros revolucionaron completamente mi visión del servicio al Señor, y me marcaron profundamente.
De regreso a Buenos Aires en el mismo año, y moviéndome en el contexto del Avivamiento de Argentina, leí varios libros más del hermano Nee editados por Ediciones Hebrón, del hermano Geofredo Rawling, con sede en San Ignacio, Misiones, Argentina.
Creo que Dios me llevó a la Argentina en esos años (entre 1971 y 1973) en medio de aquel avivamiento y en contacto con los libros de Watchman Nee, como parte de la formación soberana de Dios sobre mí. La provisión de Dios en Cristo, la vida en el espíritu y la unidad de la Iglesia, eran en síntesis, las lecciones que debí procurar comenzar a aprender.
Por aquella época recibí como del Señor mi primera comisión: “Ve por los caminos y por los vallados y fuérzalos a entrar”. Entonces salí evangelizando por Argentina hasta llegar al Paraguay donde por voluntad de Dios fue nítidamente renovada la misma comisión, bajo la cual comencé mis trabajos en Paraguay.

La Crisis del Branhamismo.
Pero también debía comenzar a aprender de Dios los sutiles vericuetos de la doctrina, y conocer los peligros de la ingenuidad romántica. Entonces, bajo la providencia de Dios, llegó la crisis del branhamismo. Ya en Paraguay, y a mediados del primer semestre del año 1973, comencé a leer los mensajes de William Marrion Branham y literatura relacionada. Al mismo tiempo seguía leyendo a Watchman Nee. Confundido con las doctrinas de Branham en mi novelez cristinana, y sin la ayuda idónea de ninguno, habiendo sido rechazado por algunas denominaciones, seguí mi trabajo de evangelización mezclando además las doctrinas de Branham y las de Nee. Esto lo hice desde el segundo semestre de 1973 y por los años ´74 y ´75.
Visto los extremos a que había llegado el Branhamismo, y con el trasfondo de lo que entendía de Nee por la época, teniendo inquietudes en mi corazón, me aparté a un lugar solitario en Repatriación, Paraguay, y rogué a Dios que me guiara, que si el Branhamismo estaba correcto me lo confirmara; pero que si estaba errado me lo mostrara; que yo solo lo quería al Señor mismo y a Su Verdad y que a El mismo me encomendaba. A partir de entonces el Espíritu Santo comenzó a mostrarme poco a poco los errores branhamitas.
Viajé a Bolivia a comienzos del año 1976 y allí comenzó mi apartamiento del Branhamismo. De regreso al Paraguay, y recién casado, desde el año de 1976 comenzamos en medio de dolores de parto una revisión de los aspectos doctrinales de la Fe. El trasfondo que tenía de Nee sobrevivió y prevaleció; en cambio de los errores branhamitas hube de retractarme públicamente.
Esa revisión y retractación la hice primero verbalmente entre los hermanos, viajando por el Paraguay tratando de refutar los errores. El hermano Timoteo Almirón me acompañó en una de sus giras. Varios branhamitas fueron también libertos; pero otros se aferraron. A fines del año ´80 o comienzos del ´81 fui con los hermanos Aniceto Mario Franco y Mario Bogado a visitar al hermano Luis Perrot de la Colonia Independencia, Paraguay ; en aquella ocasión él me aconsejó que hiciera mi retractación por escrito, lo cual realicé inmediatamente. También escribí un libro refutando los errores del Branhamismo y poniendo en el apéndice tal retractación. El tal se titula “Encarando Aspectos Branhamitas”, copias del cual quedaron con algunos hermanos del Paraguay, y pueden conseguirse copias con ellos o conmigo.

De la crisis del branhamismo comencé providencialmente a comprender la fragilidad de la prudencia humana, pero también a comprender a los hermanos en Cristo que están sinceramente errados sin dejar de ser hijos de Dios. También, con dolores de parto, aprendí de Dios mismo y Su Palabra, durante el proceso de revisión, asuntos serios de doctrina fundamental que no había tenido oportunidad de aprender de nadie en circunstancias anteriores. Además del trabajo interior realizado por Dios en mí durante la crisis del Branhamismo, de ella también surgieron dos libros: el arriba citado, y otro titulado “Opúsculo de Cristología”, los cuales escribí para ayudar a aquellos que tuvieran que enfrentar las crisis por mí enfrentadas.
Por el año 1978, en plena salida de la crisis, fui ordenado al ministerio con la imposición de las manos del misionero James Holleman, norteamericano, recién venido de la India y que había sido enviado por el Señor a Bolivia, Paraguay y Uruguay. Poco después Dios providenció que nos conociéramos con los hermanos Eleno Frutos y Mario Bogado del Paraguay, y después con Jair Faria dos santos y Aniceto Franco del Brasil.

Primordios de la Visión de Iglesia.
A resultas de la crisis recién pasada del Branhamismo, estando en Ciudad Presidente Stroessner (hoy Ciudad del Este), busqué al Señor intensamente en oración rogándole encarecidamnte que me aclara lo relativo a la Iglesia. A los pocos días Dios providenció que llegaran a mis manos los libros “Qué es la Iglesia?” de Martín Lloyd- Jones, que hallé providencialmente caído entre unas tarjetas en una librería de Puerto Iguazú, Argentina, y “Pláticas Adicionales sobre la vida de la Iglesia” de Watchman Nee, que me regaló Aniceto Mario Franco en Curitiba. Dios usó estos dos libros para comenzar a responder mi oración y confirmarme en la verdad acerca del Cuerpo de Cristo, y esclarecerme mucho más lo relativo a la iglesia local, refrescando mi entendimiento de la Biblia al respecto, y con la ayuda del libro “La Iglesia Normal” de Nee.
Fue gracias a estos esclarecimientos que además de los trabajos de evangelización en Asunción, Ciudad del Este, Caaguazú, Vaquería y otros lugares, comenzamos a fundar y establecer iglesias locales a partir del año 1980, varios años antes de conocer a los hermanos en Cristo venidos de Taiwán, y años antes de conocer las publicaciones de Witness Lee.
Entre los años 1978 y 1985 Dios nos relacionó en la obra con los hermanos Eleno Frutos, Mario Bogado, Enrique Nicolaus, Silvio Mendoza, Pablo Espinosa y otros amados hermanos del Paraguay, entre quienes Dios comenzó un mover especial, que por gestiones de Eleno Frutos y Jair Faria dos santos, no sin altibajos, se relacionó providencialmente con otro mover especial del Señor en Brasil, llegándose a dar varios intercambios, y realizándose varias correrías y campamentos. Todo esto antes de conocer a los hermanos en Cristo venidos de Taiwán.

Primeras Noticias.

En distintas ocasiones llegué a saber después, o por boca de Jair Faria dos Santos, o de Aniceto Mario Franco, o de Dong Yu Lan, que ellos habían tenido alguno que otro contacto esporádico en el pasado. Que Aniceto y Jair habían visitado a Dong para tener comunión y sujetarse; pero que, según ellos, la forma estereotipada de la invocación al Señor Jesús, la insistencia en vida sin doctrina, el exclusivismo alrededor de un ministerio, y quizás algún otro detalle, hicieron con que Aniceto y Jair mantuvieran distancia de Dong Yu Lan. Aniceto y Jair tenían más comunión con Cristian Chen, el cual tampoco había podido entenderse con Dong Yu Lan. A Cristian Chen visitamos con Jair y Eleno en 1980 en Santo Amaro, SP, Brasil; en aquella ocasión Cristian Chen me obsequió dos libros de Watchman Nee y uno suyo: “Conocimiento Espiritual”, “La Iglesia Gloriosa” y “Moisés, los Números y la Biblia”, respectivamente.
También supe por Dong Yu Lan y Angel Negro de Buenos Aires, que el equipo de renovación en el Avivamiento de Argentina, había tenido contactos esporádicos en el pasado. Angel Negro me comentó que ellos habían decidido no ser exclusivistas en la comunión; que la comunión del Cuerpo de Cristo se basaba en la redención y no en la eclesiología; que para ellos era fundamental el Cristocentrismo, la espiritualidad, la familia y el ministerio plural. Ellos, aunque apreciaban los aportes de los hermanos chinos, sin embargo no aprobaban ninguna actitud exclusivista. También me dijo Angel Negro que al leerse a Watchman Nee notábase un espíritu muy puro, casi sin aparecer el mismo; que en cambio no notaban la misma pureza en los escritos de Witness Lee. Estas son, en síntesis, las apreciaciones que yo escuché personalmente de siervos y apóstoles del Señor acerca de nuestros hermanos chinos, antes de conocerlos personalmente; yo solamente había leído a Watchman Nee; aunque en mi interior deseaba conocer por mi mismo, pero sólo cuando Dios mismo lo dispusiera, a los hermanos que de una u otra manera habían estado legados a Watchman Nee, por quien Dios tanto me hubiera bendecido. Me sentía responsable, en mi conciencia ante Dios, de hacer mi propio examen, sin por ello menospreciar la opinión de otros consiervos. Me percaté luego del reconocimiento explícito al aporte de Witness Lee y los hermanos chinos hecho por Orwille Swindoll, miembro prominente del equipo de apóstoles núcleo del avivamiento del movimiento de renovación en Argentina. También me percaté del reconocimiento, no sin reparos, hecho por John Walker, otro apóstol que ha trabajado en Brasil.

Primeros Contactos.
A mediados de 1984, providencialmente, el hermano Alberto Mendoza de la iglesia en Asunción, y su esposa, en un viaje a Resistencia, Argentina, contactaron a Eduardo Kaladadjian quien estaba ligado en el ministerio con Oscar Calles y Dong Yu Lan, bajo las enseñanzas de Witness Lee. Por Alberto supo Kaladadjian de las iglesias que nosotros servíamos en Paraguay. Nos visitó, y Alberto y Reiner Richter le llevaron al campamento que realizábamos en Ciudad del Este a mediados del ´84. En aquella ocasión, mientras oraba en un bosquecillo de mandarinas, el Espíritu me avisó claramente que se presentarían dificultades.
De regreso a la Argentina Kaladadjian dio noticias de nosotros en Paraguay a Oscar Calles, el cual vino a visitarnos desde Buenos Aires y contactó a Mario Bogado y a la Iglesia en Asunción. Posteriormente me contactó a mí. El quería cerciorarse, y lo preguntaba abiertamente, si éramos la Iglesia o parte de ella en la localidad de cada uno de nosotros. Al reconocer en Asunción que éramos con todos los santos la iglesia, entonces nos avisó de un grupo de hermanos venidos de Taiwán que estaban comenzando a reunirse como la iglesia en Asunción, sin saber nada de nosotros. Pero puesto que no es bíblico ni espiritual fundar una división desconociendo a la iglesia ya existente de la localidad, era necesario que estos hermanos en Cristo venidos de Taiwán supieran de nosotros.
Por esta razón, y para conocer y examinar responsablemente por nosotros mismo en Cristo lo relativo a estos hermanos en nuestra propia jurisdicción, fui a ellos juntamente con el hermano Asunción Rivarola. Conocimos al hermano Ann, y en el siguiente contacto a Esteban Hou Yen Pin. Le presentamos la Iglesia en Asunción para que no fuera desconocida y no se edificase una división. Entonces juzgué que lo propio era presentar a Esteban Hou también a mis compañeros Mario Bogado y Eleno Frutos para que ellos conociesen y examinasen la situación. Entonces le llevé para tal cosa a Villa Rica a casa de Mario. De qué manera hayan sido recibidos Eduardo Kaladadjian en Ciudad del Este, Esteban Hou en Villa Rica, y después otros hermanos en Paraguay, Dios juzgará.

Por mi parte, velando por la unidad de la Iglesia en el Espíritu de Cristo, presenté también a Esteban Hou la Iglesia de Pastoreo y la Iglesia de Ciudad del Este, en sendas reuniones; igualmente visitamos a otros hermanos de las iglesias de otras localidades. Yo no actuaba como representante de un movimiento autóctono paraguayo, sino como miembro y ministro del Cuerpo de Cristo, la Iglesia universal, dentro de la responsabilidad que me era propia en la obra, y para los fines de Jesucristo. Nos examinábamos en Cristo mutuamente. Personalmente hallé en el Señor ser Estéban Hou un verdadero siervo de Cristo, prudente, abierto, y que reconoció a las iglesias de las localidades de Paraguay como tales, ante sus connacionales en el país, ante las iglesias en Taiwán, como consta en carta que de él poseo, y ante el ministerio representado en Witness Lee y los que con él estaban; razón también ésta última por la que Dios me llevó a los Estados Unidos.
Después de un período de más o menos un semestre de mutuo reconocimiento con Estéban Hou durante la segunda mitad de 1984, conocimos entonces a Dong Yu Lan en una visita que hizo a Asunción a principios del ´85 para visitar a los hermanos de Taiwán. Allí se halló con la noticia acerca de nosotros y quiso conocernos. Visitó las reuniones de la iglesia en Asunción y aconsejó a los hermanos chinos que tomaran la cena del Señor con nosotros. Se celebraban ágapes una vez al mes. También aconsejó que se realizasen reuniones aparte con los hermanos de habla china por razón del idioma. Al mismo tiempo se nos invitó a conocer los hermanos con ellos y su trabajo en Brasil. Fuimos varios invitados, aunque hubiera preferido que no todos fueran inicialmente, sino los que teníamos responsabilidad mayor en la conducción. Pero las invitaciones se hicieron generales y entonces asistimos varios a la Conferencia de Febrero´85 en Sumaré, SP, Brasil, que trató sobre el Libro de los Hechos.
Allí pude conocer de primera mano la situación en Brasil con estos hermanos. De todo aquello que nos inquietaba nunca fui negligente en tratarlo personal y responsablemente con Eduardo Kaladadjian, Oscar Calles, Esteban Hou, Dong Yu Lan, André Dong y Witness Lee mismo. Y así mismo respondía a los hermanos en Paraguay que me preguntaban o consultaban. Un ejemplo de mi tratamiento de la situación consta en las cartas que intercambié con los santos de Paraguay una vez hube viajado a Colombia, por voluntad de Dios, a mediados del ´85. Podrían ponerse a disposición ante cualquiera de los hermanos en Cristo que deseara examinar la situación objetiva y desapasionadamente, para gloria de Dios en el proceso de edificación de Su Iglesia.
En Sumaré, Dong Yu Lan manifestó su deseo de tener un encuentro con los obreros y hermanos responsables por las iglesias locales de Paraguay. Era la hora para que las iglesias, los santos y el ministerio en Paraguay manifestasen lo que realmente eran. Dije a Dong que el ministerio de Watchman Nee era suficientemente conocido y apreciado en Paraguay, pero que el de Witness Lee nos era desconocido. Le pedí un video sobre la conferencia acerca de la Economía Divina dada por Witness Lee en su visita del ´84 al Brasil. Lo traje al Paraguay y lo examinamos con algunos hermanos. Recuerdo haberlo hecho personalmente con Enrique Nicolaus. Yo personalmente reconozco haber sido bendecido con el examen de tal video.
Cerca de marzo del ´85 se organizó en casa en la ciudad de Franco, en las tres fronteras, una reunión de obreros y hermanos responsables, y pasamos unos días en contacto con Dong Yu Lan y otros hermanos del Brasil y Chile que nos visitaron. Si yo era realmente un miembro responsable del Cuerpo de Cristo, no podía estar ajeno a los desafíos de la comunión universal del Cuerpo de Cristo; no podía eludir las obligaciones morales de las coyunturas que la soberana mano de Dios pusiese en nuestras manos. Con la reunión de obreros y ancianos en casa en la ciudad de Franco, entregué la responsabilidad a los obreros y hermanos mismos de uno y otro lado de la frontera, de manifestarse por sí mismo tal cual eran. Cumplida esa parte de mi responsabilidad ante Dios en Paraguay, el Señor me llevó a Colombia en Junio de 1985. Todo quedó en manos de los obreros y hermanos responsables a partir de allí. La mayor responsabilidad de los acontecimientos posteriores entre los santos de Paraguay recayó entonces en manos de quienes lideraron el proceso posterior: Dong Yu Lan de Brasil y Mario Bogado de Paraguay. Asumo, sí, la responsabilidad de mi participación hasta mediados de 1985, y la posterior por cartas, cuya justa medida puede verse en ellas.
Creo haber enfrentado con responsabilidad los desafíos de la comunión del Cuerpo, presentados providencialmente por Dios a nosotros en el camino para probarnos a unos y otros. Las dificultades que el Espíritu me había anunciado en el bosquecillo de mandarinas en Ciudad del Este, no tardaron en llegar. Aquella premonición del Espíritu fue también una profunda llamada a la intercesión y a la lucha espiritual.

Traslado a Colombia.

Respecto de mi traslado a Colombia a partir de esta fecha, era algo que el Señor ya tenía preparado antes de conocer a mis hermanos chinos. Durante 1983 Dios me hizo saber que yo regresaría a Colombia. Lo conversé privadamente con Eleno Frutos por aquella época en Oviedo. Llegado el momento, Dios providenció por medio de mi familia en Colombia todo lo necesario para el traslado de los míos. Por mi parte, yo recibí una invitación a Estados Unidos por parte de la hermana Wang para asistir a la conferencia de verano sobre La Conclusión del Nuevo Testamento dada por Witness Lee en Julio del ´85. Coincidieron, pues, mi viaje a Colombia y la invitación a los Estados Unidos.
De allí regresé a Colombia a trabajar para el Señor, a Su cargo, y por mi propia cuenta en El, conforme a la guianza recibida dos años atrás, y habiendo sido encomendado al Señor por los santos del Paraguay en la comunión del Cuerpo de Cristo.
Estuve trabajando para el Señor en Colombia a Su cargo todos esos años desde mediados de 1985 hasta fines de 1993, lo cual dio como resultado la evangelización de varias personas, el crecimiento de varios santos, y la fundación y edificación de varias iglesias locales en Colombia, adheridas a Cristo como cabeza y en comunión abierta pero prudente con todo el Cuerpo de Cristo, y con las cuales permanezco en estrecha comunión, lo cual puede constatarse por medio de las cartas.

Con Witness Lee en los Estados Unidos.
Durante Julio de 1985 estuve en los Estados Unidos asistiendo a la conferencia a la que fui invitado. Vi la mano de Dios en todo el proceso de mi viaje desde el Paraguay hasta los Estados Unidos mediante variadas señales providenciales que sería muy largo relatar aquí, pero acerca de las cuales no miento. Después de la conferencia de quince días, general e internacional, y de otra para presbiterios de la nación, fui introducido por Esteban Hou para con Witness Lee. Estuvimos los tres conversando privadamente en la casa de este último, la noche del 9 de Julio de 1985.
Esteban Hou, que había conocido y reconocido las iglesias locales en Paraguay que yo le presenté para que su trabajo no fuera divisivo, había notificado a Witness Lee y a las iglesias de Taiwán, de nuestra existencia y estado, por lo que se alegraron. Le conté a Witness Lee nuestra historia, le expuse abierta y francamente nuestras inquietudes nacidas de nuestros primeros contactos con Kaladadjian, Calles, Dong y la Conferencia de Sumaré de Febrero´85. El nada pretendió ni exigió; por el contrario, me recibió con toda deferencia, y tuve testimonio en mi espíritu de ser Witness Lee un verdadero siervo de Dios. Cuando al final le dije que nuestro interés como Cuerpo de Cristo era el de ser enriquecidos con todas las riquezas de Cristo mediante la comunión de todo el Cuerpo de Cristo, entonces él me extendió la diestra de compañerismo y nos despedimos. Fui sincero en mis palabras y actué como representante del ministerio del Cuerpo en comunión con todos aquellos que eran uno conmigo en el propósito de Dios. Con la diestra de comunión, Witness Lee no desconocía a las iglesias de Paraguay, sino que manifestábamos la unidad del único Cuerpo de Cristo. Esteban Hou fue testigo de todo, el cual, después de ir a Taiwán regresó a Paraguay y procuró la comunión con quienes allí quedaron.

Acontecimientos en Paraguay.
Vuestras conciencias mejor que yo saben lo que aconteció en Paraguay y después de mi partida. Yo sólo recibía noticias por diversas cartas. Supe de desentendimientos de Mario Bogado con Dong Yu Lan y otros hermanos. Todo eso es otro capítulo en el cual no tuve control; mi parte fue mediante mis opiniones vertidas por carta ante el pedido de varios hermanos durante los conflictos de los años ´86 al ´88. Dong Yu Lan se mantuvo después entonces más distanciado de Paraguay. Pero de Taiwán llegó a Asunción en 1989 Lee Tao Thuin, a quien apenas conocí en Marzo de 1994, (aunque ya lo había visto una vez en Enero) y con quien tenemos buenas relaciones en Cristo en cuanto miembros de Su mismo Cuerpo que es la Iglesia universal. No podemos eludir el hecho de que es el gobierno soberano de Dios el que está detrás de las relaciones especiales de las Repúblicas de Paraguay y Taiwán, lo cual hace a Paraguay una puerta especial en Occidente para Oriente. El impase de Dong Yu Lan con Lee Tao, y su concierto, son también otro capítulo en el cual no he tenido parte.

Acontecimientos en Colombia.

Después de adelantados mis primeros trabajos en Colombia a partir del segundo semestre del ´85, nos visitó en Colombia Dong Yu Lan por primera vez al año siguiente. Una vez conocido de los hermanos e iglesias en dos o tres visitas, en una ocasión en Bogotá, en una reunión de obreros, para mi sorpresa él me pidió públicamente que no trabajáramos juntos en la obra. Yo le respondí: - Tú me lo dices a mí, pero yo no te lo digo a ti, porque el Señor es uno solo, Su Cuerpo es uno solo, y la obra suya en la tierra (en lo general) es una sola. Tú me lo dices a mí, pero yo no te lo digo a ti-.
A partir de entonces, Enero de 1987, no he vuelto a ver a Dong hasta la fecha de hoy (IX/´94), aunque he leído algunos de sus libros. Tampoco estoy cerrado para cualquier encuentro que la providencia de Dios determine. Mis encuentros con Dong en Paraguay, Brasil, Estados Unidos y Colombia fueron siempre sinceros y con buena voluntad de mi parte. Solamente tengo que añadir que fue precisamente al día siguiente de haber orado profundamente al Señor pidiéndole y ofreciéndome para que él me ubicara donde quisiera, y sin ponerle ninguna condición, que El permitió que Dong mismo me pidiera, al día siguiente, no trabajar con él en la obra.
Durante el primer semestre de 1987 aconteció en Bogotá una división. Edward Stanford, Alfonso Torrado y Jesús Bravo, que estaban bajo las directrices de Dong Yu Lan, se separaron de Gonzalo Martínez, Ricardo Cruz y Cosme Hernández por asuntos doctrinales respecto de la Trinidad. Los últimos acusaron a los primeros de unicistas; y los primeros exigían de los últimos acomodo y sujeción a sus doctrinas y formas para seguir con ellos. La confusión surgió de malentendidos de la lectura de un libro de Witness Lee titulado “Lecciones de la Verdad”.
Antes de la división, siendo requerido por las dos facciones, procuré pacificar y esclarecer, advirtiéndoles además que el terreno base de la iglesia local, la autoridad del Espíritu y el límite jurisdiccional de la localidad, incluyendo a todos los santos en Cristo (lo cual garantiza y conserva la unidad) no debería perderse, pues la división acarrearía la pérdida del terreno bíblico establecido por Dios para la unidad de la iglesia en cada localidad, y acarrearía también el surgimiento de sectas ministeriales y particularistas. Nos reunimos en varias ocasiones para tratar de superar la situación. Pero, en ausencia mía, por causa de un viaje en la obra, estos seis hermanos responsables se dividieron. Al regresar del viaje encontré los hechos consumados. Los santos eran forzados a tomar partido por uno u otro bando.
Aconsejé que la iglesia debía mantenerse en la unidad que existía antes de la división de estos seis hermanos responsables, y no permitir que la división los alcanzase a ellos; que se luchase por la reconciliación. Les escribí una carta convidándolos a la misma mesa del Señor. Pero las cosas se sucedieron de tal manera, que unos pasaron a reunirse con los que aceptaban las directrices de Dong Yu Lan, otros con el otro grupo, y algunos quedamos en el medio procurando evitar la división, redarguyendo, continuando como la iglesia que éramos antes de la división de los seis, teniendo comunión con unos y otros, visitando sus sendas reuniones y continuando con las que traíamos desde antes, aunque sin encuadrarnos del todo con ninguna de las exigencias facciosas de las partes, ni con las facciones exclusivistas, sino procurando mantener el terreno de la unidad y siguiendo con las reuniones que ya traíamos desde antes del conflicto.
Providencialmente, en 1991, la situación jurídica y urbanística de Bogotá, cambió. Santafé de Bogotá pasó a ser un distrito capital que abarcaba varios municipios y localidades en derredor de una gran área metropolitana y rural. Y puesto que no existe precedente en la Biblia para iglesias distritales, sino apenas municipales o locales, estando ya delimitadas las localidades del distrito, entonces comencé a trabajar para establecer iglesias locales, una por cada localidad o municipio del distrito capital, pero conservando la comunión universal y espiritual de las iglesias. Comuniqué además el asunto a los líderes de las anteriores facciones. Los hermanos que se asesoraban con Dong Yu Lan siguiéronse considerando como la iglesia del distrito, y los demás, la otra facción, descuidó el asunto de jurisdicción e inclusividad y por tanto de la unidad; aunque algunos se plegaron luego a las iglesias locales del distrito capital establecidas después de la Nueva Constitución Nacional de 1991, la cual modificó el Régimen Territorial Colombiano. Las iglesias locales del distrito capital nacieron después del conflicto de 1987 y sin relación con el mismo, excepto aquellos hermanos antiguos que mantuvieron la posición del terreno base establecido por Dios en la Biblia para conservar la unidad de la iglesia local. Desde el mismo comienzo hemos estado abiertos a la comunión con todo el Cuerpo de Cristo en la base de la unidad Cristocéntrica. Tanto antes como después de la Constitución de 1991, por voluntad y gracia de Dios, fuimos los primeros en establecer en aquella región el principio de la unidad. No lo decimos para gloriarnos, sino para que las iglesias descansen en su legitimidad, y la comunión universal de las iglesias no halle reparo en el asunto. Ese principio establecido desde el comienzo, ha sido conservado por nosotros hasta hoy para testimonio de la unidad del Cuerpo de Cristo.

Retorno al Brasil y al Paraguay.
En Noviembre de 1993 regresé por dirección del Señor al Brasil y al Paraguay. Acabado de llegar al Paraguay a principios de Diciembre de 1993, caí hospitalizado en Areguá antes de poder saludar a la mayoría de los santos, obreros e iglesias del Paraguay. Por causa de una operación en el labio inferior hube de quedar con la boca cerrada, providencialmente, solamente escuchando, durante Diciembre y Enero siguiente, a todos los hermanos de distintas facciones que se acercaban a saludarme; en ese tiempo pude darme cuenta de las nuevas condiciones en Paraguay. Los que nos reuníamos como una sola familia antes de mi partida a Colombia, ahora estaban reagrupados en distintos grupos.
Requerido por unos y otros para definir mi posición, he respondido, y ahora respondo: - No estoy por ninguna facción, ni deseo responder con exclusivismo a los hermanos exclusivistas. Mi posición está claramente tomada y definida por Jesucristo y por todo Su Cuerpo, a expresarse en iglesias locales Cristocéntricas, verdaderamente inclusivas de todos los hijos de Dios y abiertas a la comunión en Cristo con toda la Iglesia universal. En cuanto de mí dependa, deseo estar en comunión con todos mis hermanos según el Espíritu de Cristo y para los intereses de Dios y el Señor Jesús, su Amado Hijo.
Como lo he hecho hasta aquí sin interrupción desde mi conversión a Cristo, procuro en Su gracia seguir trabajando por El y para El y exclusivamente a Su cargo. Este es el testimonio de mi conciencia ante todos. De la calumnia de que soy un asalariado de los chinos y que vendí a ellos las iglesias, Dios mismo se hará cargo.
Sé que existen imperfecciones y cosas inquietantes a ser tratadas al interior de la Iglesia, además de espíritus malignos opuestos a la edificación conjunta del Cuerpo de Cristo; pero no debemos eludir el desafío, en base a la constante y viva amonestación de la Palabra; tampoco podemos encarar ese desafío enfrentándolo en la carne y con presunción. Dios se compadezca de todos nosotros sus siervos, perdone nuestros errores, trate con los impedimentos y edifique para sí y para Su gloria la casa que siempre ha querido con las medidas de Cristo. A Dios me dispongo en Cristo, sin juzgar apresuradamente a mis hermanos, cualquiera que sea, para que sus divinas y poderosas manos me edifiquen con todos los santos como morada para Su plenitud.

E P I L O G O

Dios no habla en los extremos. Precisamente en los extremos del propiciatorio, Dios colocó querubines guardianes. Dios habla debajo y en medio de las alas de los querubines sobre el propiciatorio. Ni el rigorismo ni la laxitud son soluciones. Necesitamos el equilibrio. Por una parte, debemos apreciar todos los tesoros en todos los miembros del Cuerpo de Cristo; pero al mismo tiempo, debemos recordar que esos tesoros están en vasos de barro, y que detrás de casi imperceptibles imperfecciones en líderes notables, pueden esconderse grandes y sutiles príncipes malignos que intenten enajenar el trabajo de la Iglesia. Necesitamos de la noble amplitud para valorar, apreciar, reconocer, y tener longanimidad; pero a la vez necesitamos del rigor fulminante de la Cruz que se hace cargo de todos los elementos extraños. Por eso Dios combina ministerios disímiles y complementarios: Pedro y Juan, Pablo y Bernabé.
Los problemas de esta década pasada en Paraguay necesitaban quizá de querubines en los dos extremos. Por una parte, debía apreciarse y recibirse toda riqueza en el Cuerpo de Cristo y todo hijo de Dios en él. Reconozco que por mi parte esa ha sido parte de mi carga. Pero yo tan sólo tengo una parte del ministerio corporativo. También es verdad que el tesoro en vasos de barro no es lo mismo que el barro de los vasos, el cual debe ser reconocido, diferenciado, denunciado y tratado. Y para eso se necesita de un ministerio complementario más rigorista, al estilo del de nuestro muy amado en el Señor, hermano Mario Bogado. En esta década pasada hemos alternado (lo que para mí no es altercado), quizá para mayor bien y protección de la Iglesia, incluyendo por un lado, pero sin acrécimos por otro. Dios ha tratado con nosotros Su pueblo complementándonos.
Necesitamos ahora la conciencia de Cuerpo, de equilibrio y de complemento. Quizá para esto también, entre otras cosas, el Señor me alejó del Paraguay por casi una década. Quizá para eso Dios permitió a nuestro hermano Mario Bogado liderar un fuerte movimiento. Quizá para eso Lee Tao altercó con Dong Yu Lan. Necesitamos la plenitud de Cristo en el contexto de todos los santos; laVoz de Dios sobre el propiciatorio bajo las alas de los querubines. Ruego disculpas por ponerme a la vista junto con mi hermano Mario Bogado; pero también Pablo se puso como ejemplo con Apolo, y ésto solamente para edificación.
El Espíritu puede legítimamente inspirar una corriente, pero debido a la inmadurez de sus canales, la expresión puede llegar a ser romántica, o imprecisa, o impura; entonces también Dios suscita una resistencia, no para sofocar ni destruir, sino para purificar, madurar, refinar y precisar. Y para cada cosa hay un tiempo y un plazo de Dios. Ahora bien, lo más importante es el resultado del conjunto.
En la historia de la Iglesia ya se dieron situaciones tales, como el ejemplo de la aparente contradicción entre Santiago y Pablo acerca de la justificación; o el de las escuelas de Alejandría y Antioquía que se purificaron mutuamente en lo cristológico; o el conflicto de la Teología del Pacto con el Dispensacionalismo, etc.
La Iglesia está preñada para producir al Varón Perfecto, para conformarse a la plenitud de Cristo. Y los dolores de las preñeces son inevitables y necesarios. Lo importante es entender a Dios y avanzar en Su luz. No permitamos a Satanás distorsionar lo que es complementario para presentarlo a la Iglesia como opuesto y forzar la división. Como tampoco permitiremos a Satanás “pasarnos gato por liebre”. Satanás quiere aprovecharse de las diferencias que son para complemento, o de los parecidos de cosas que son completamente distintas. El diablo quiere convertir lo complementario en focos de oposición, a la vez que sutilmente se disfraza de ángel de luz y sus ministros como ministros de justicia. Pero Cristo mismo es la luz que discierne y la síntesis que coordina a todos los miembros de Su Cuerpo por más disímiles que sean.
Por eso recibimos a todos los hijos de Dios y sus dones, ministerios, funciones y en las operaciones de Dios; pero a la vez lo sometemos todo a la prueba, al examen, a la comprobación, al juicio de la Iglesia íntegra en el Espíritu Santo.
Es el gobierno mismo de Dios, el que por su soberana voluntad, y desde el Cristo glorificado de Su diestra, por el Espíritu de Jesús, quien ha dispuesto, dispone y dispondrá las circunstancias por las que ha de caminar Su Iglesia peregrina. El camino es Jesucristo y cada paso es Jesucristo mismo.

Someto el testimonio de mi conciencia al juicio de la Iglesia en el Espíritu Santo, reconociendo que soy apenas un simple miembro de un grande y poderoso Cuerpo. También yo soy de Cristo, porque El es mi única confianza. Confieso que necesito ser complementado y guardado dentro de la plena comunión y la disciplina del Espíritu.

GINO IAFRANCESCO V.
Septiembre 21 de 1994
Escrito en Paraguay y Brasil.